Los chicos salvajes- William Burroughs

burroughs

 

 

Burroughs es y no es escritor distinto. Es y no es escritor especial. Leer a Burroughs es enredarse en ese alambre de espino sintáctico que aplica a las novelas. También empaparse de rabos, pollas, sodomías, monos y drogas que aletargan a los monos.

Burroughs parece que escribe distinto, que es lectura complicada, pero siempre escribe de lo mismo.

Por eso Burroughs no puede considerarse tan complicado si leyendo un solo libro has leído a todo Burroughs, de alguna, esa, manera.

De esa otra manera, se puede pasar por Burroughs de una sola vez, sin querer volverlo a ver, sin pensar en si lo verás alguna otra vez.

Indagando en Burroughs descubres que toda su legendaria vida bohemia no es más que la vida disoluta de otro niño rico que se licenció en Harvard, como la gran mayoría de los iconos literarios.

Desde los escombros sociales, el hambre o la miseria sólo se viaja dos metros más abajo de la superficie de la tierra. Ticket de ida. Sin retorno.

 

Color: marrón.

Huele a: sudor.

Sabe a: homosexualidad.

 

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