Desmontando a Arcadio Pardo (I)

Arcadio 2

Lo que van a leer está extraído de una reunión que miembros de la Ediorial LCK15 mantuvieron con el poeta Arcadio Pardo el pasado diez de agosto de dos mil doce. Este año publicará una nueva obra: “Lo fando, lo nefando, lo senecto” (Calima Ediciones, 2013). Esperemos que se equivoque y no sea la última.

Ahora toca callar…

Sssshhhhhhhh…

Habla el Maestro Pardo.

Arcadio Pardo

Poeta de poetas.-

En los siglos pasados, los poetas solían practicar amplias variedades de poesía a la vez: seria, lírica, burlesca, épica, satírica, didáctica, etc. Y hay ejemplos de poesía de esos tipos de poetas gigantes como Lope, Góngora, Quevedo y otros. Pero en épocas más recientes, los poetas han venido abandonando la poesía de entretenimiento para hacer una poesía de preocupaciones humanas. Los poetas de mi época rehúsan la poesía de pasatiempo. Y creo que tienen razón. La poesía pretende ahora  crear algo válido, sólido y duradero. Mi andadura en solitario me ha traído a mí, fuera de todo lazo generacional, a esta poesía mía en la que, creo yo, cada poema es una ambición de sorpresa que pretende ir a la sabiduría.

Usted empezó con el postismo.-

No. Yo no he tenido ninguna relación con el postismo; muy al contrario, el entorno literario de mi adolescencia y de mi juventud era totalmente hostil a cualquier tentativa de alejamiento de la poesía “de siempre”, respetuosa de las formas, correcta, sumisa a la tradición.

 

¿No se adscribe el postismo ni al experimentalismo?.-

No. Lo mío coincidió cronológicamente con eso.  Ni postismo ni creacionismo.

De los autores que le gustan, por poner un ejemplo, usted cita siempre a Carlos Edmundo de Ory.

Carlos aportó por los años 40-50 una  prodigiosa renovación en cuanto a expresión, respetando incluso las formas tradicionales, como en su Soneto vivo. Fue probablemente el joven poeta entonces más culto con conciencia de su propia valía y del alcance de su obra. Pocos han tenido como él conciencia de su destino. Conviene leer su Diario para conocerle por dentro.

¿Arcadio Pardo y el estilo?

A mí me es difícil explicar mi lenguaje. Yo diría que es un lenguaje poético liberado, tanto en las estructuras sintácticas como en sus elementos. Isabel Paraíso ha escrito hace ya mucho que mi expresión es “agramatical”. Yo añado “espontánea y naturalmente agramatical” y así lo recojo de la conciencia que me ofrece formas, arcaísmos, neologismos. Si la lengua carece de algo que necesito, pues lo invento, como he inventado “me allendo”, “me senecto” y otros. Creo que eso contribuye a dar al poema también su propia sabiduría. El poeta no está al servicio de la lengua, sino al contrario: la lengua está a su servicio y a veces hay que cambiar sus estructuras.

La simultaneidad.-

Lo que yo pretendería, si pudiera, es vivir en la simultaneidad. Vivir aquí y al mismo tiempo en una época antigua. En varios sitios a la vez. En mi próximo libro que saldrá este año hay un poema sobre eso: “Me otorgaría el imposible don de la simultaneidad”. Cuando lo leas me dirás qué te ha ofrecido si es que te ha ofrecido algo. Aquí y en la ajenidad. Ahora y siempre.

El amor.-

Mire, tengo ya ochenta y cinco años y ahora sé que el amor no engendra conocimiento.  Otro poema de ese libro empieza con este verso: “El amor no engendra conocimiento”.

El amor no aporta sabiduría. Lo suyo va por otros caminos. Volveremos a hablar de ese poema cuando se publique. Javier Jover lo ha difundido en Facebook y ha provocado  bastantes reacciones favorables. No quiere decir que el poeta tiene que evitar el tema; hay estupendos libros de amor antiguos y modernos como el de Manuel Alonso Alcalde, Hoguera viva. Lo que yo creo es que el amor no enriquece la sabiduría, no engendra conocimiento. Es otra cosa.

La técnica-

Lo mío, desde hace años, se acomoda con lo que se parece a verso libre. A otros poetas, el sometimiento a formas rígidas les ayuda a encontrar la expresión adecuada. Vicente Gáos  escribió en un soneto sobre el soneto: “No me encadenas, me desencadenas”. Y también Blas de Otero ha escrito en el mismo sentido. Lo mío, digo, prefiere que el agua cree su propio descenso. Pero en mis poemas hay ritmo y están sembrados de versos “normales” que en muchos casos son los más del poema. Lo que es cierto es que mis poemas van por donde prefieren ir.

Los poemas no caen del cielo.-

No. El poema se hace primero solo. Luego se reelabora, se trabaja. Entra en su familia, se incorpora a su conjunto y se hace componente suyo. El poema no es un sillar que se añade al edificio, sería más bien como una pieza que se labra y se esculpe y cobra la forma que necesita para que entre en su sitio, en su hueco. Algo, o mucho, tiene el poeta de artesano. Así era en la antigüedad.

Pero todos los libros tienen un leiv motiv (Tineghir, Crisantemo…).-

Sería bueno saber cómo crean sus libros los poetas. Muchos se han hecho a partir de un tema y por aglomeración de poemas sucesivos. Otros se construyen partiendo de los poemas que se aglomeran entre sí hasta formar un conjunto. Mis libros se han hecho, no a partir de un tema previo, sino que se han creado sin conciencia de que iban formando un conjunto coherente. Cuando uno se da cuenta de que aquello forma una unidad, entonces uno los ordena, los organiza, les da un sentido.

Antes se valoraba la espontaneidad y la frescura de los poetas jóvenes. Ahora sé que la poesía viene de la experiencia, de la sabiduría, del cuestionamiento fundamental. Lo cual no impide que uno cree también poesía de conocimiento del mundo, como en los libros que ya he citado, Silva de varia realidad o Efímera efeméride.

No cabe duda: el poeta nace. El poema se hace.

¿Cuántas horas escribe al día?.-

Poesía muy poco tiempo. Estoy desde hace años escribiendo apuntes para un No Diario y escribo en él casi todos los días. Recojo cosas y asuntos que me gustaría que no se olvidaran. También me dedico a escribir trabajos sobre métrica que además de aportar alguna novedad en esa materia, me ayudan a descubrir los misterios de la poesía de los otros. He publicado varios trabajos en la revista especializada, Rhythmica.

En total, leyendo y escribiendo, cuatro o cinco horas al día.

Últimamente me atraen mucho los poetas rusos en versión francesa. Las traducciones españolas son bastante flojas. También en narrativa. Muchos traductores no traducen directamente del ruso, sino de una versión inglesa o francesa y desvirtúan y degradan el original. Lo mismo ocurre con autores en lenguas poco frecuentadas, finlandés, lituano, letón, et c.

¿Tiene intención de publicarlo? Quizá se le conocería a usted más en todos los sentidos.-

Nos referimos al No diario. De momento no. Mi intención era dejarlo en el paquete de la Fundación. Yo empecé a escribir el No diario para no olvidarme de mis cosas. La memoria empieza a serme infiel. El No diario no es puramente literario ni poético. Puede que algún día interese a los investigadores que pueden encontrar en él cosas sobre mis contemporáneos.

Poesía panteísta-

Todo es un solo ser. Otro poema del mismo libro futuro: ‘Todos son uno y solo”. Baudelaire lo vio en sus correspondencias y yo creo que todos sentimos cierta fraternidad con cada componente del universo.  Algo en nosotros es mineral y vegetal y viento y mar. Mi poesía se nutre ahí. Deriva en mucho de esa convicción.

Se respira cierta resignación hacia “lo otro”.-

No es una resignación, es una falta de conocimiento. Lo neutro es lo otro. Si “lo otro” es la ajenidad, entonces es un gozo.

Escéptico o pesimista.-

No creía que en mis poemas existiera algo que dé impresión de pesimismo, que provoque pesimismo. Al contrario, hay en ellos una adhesión a la vida, a los misterios y milagros de la evolución y una fascinación oculta por las cosas que vienen de lejos como los minerales, el viento, el mar., como acabo de decir. Lo que duele es la conciencia de la finitud.

¿Es un pesimismo gozoso? Da la impresión de que se siente a gusto en la resignación.-

Estoy a gusto en la vida y en el mundo. Estoy a gusto en la ajenidad. Y en la multitud. Y en la soledad.

¿Por qué la muerte tan presente en su último libro?.-

Bueno, el crisantemo es flor de postrimería.  Mi idea era hacer un libro que fuese un libro final pero ya he escrito otro. Cada uno de mis libros son siempre el último. Y es verdad que cada uno de ellos ha sido escrito como libro final. Además, la presencia del crisantemo, era mi libro testamentario, diría yo. Quizá por eso la presencia de la muerte parece tan evidente. Añado que en esa época tenía multitud de crisantemos a mi alrededor de mi casa, bellísimos.

Sobre la interpretación, el desprecio que subyace hacia los otros –

A mí nunca me ha preocupado ni me sigue preocupando si se me conoce o no. Eso sí se ve en mis poemas. Lo que sí me importa es que no se me olvide en el futuro. Me importa que en una biblioteca milenaria alguien rescate y lea mis versos como “palabra en el tiempo”. Claro que me halaga cuando oigo o leo elogios de mi obra, pero quisiera tener la convicción de que en los siglos que vengan mis versos interesen, atraigan, ofrezcan algo a quienes los descubran.

¿Para cuándo la edición de las obras completas de Arcadio Pardo?.-

Javier Jover (Calima) lo hará. Le han concedido una ayuda oficial del Ministerio de Cultura. A mí me importa que se haga. Y me interesa que la obra conjunta que se haga sea la que yo quiero. No quiero que esté todo. Ahora ya no me reconozco, o me reconozco poco, en mis primeros libros. En realidad mi obra empieza con Soberanía carnal, escrito justo antes de 1960.

¿Qué es “lo no”?-

“Lo no” es la desaparición. Lo no, es no estar aquí.  Lo no es desaparecer. Lo que está desapareciendo. Lo ignorado, que es mucho. No hay que confundir lo no con lo neutro que es, al contrario, fecundo.

Yo calificaría muchos de sus poemas como sentimentales.-

Es posible. Puede ser que haya efectivamente algo efusivo en mis poemas. Sí me parece que en algunos poemas de libros anteriores hay un sentir de amor hacia las cosas abolidas o no. Una identificación con lo que ha sido o es. Pero mi poesía no es poesía amorosa tal como se entiende. En Tentaciones de júbilo y jadeo hay sentimiento, gozo, exaltación. Luego fui hacia una poesía más despersonalizada en Silva de vraia realiodad y en Efímera efeméride. Pero con una fuerte identificación con las cosas dialogadas.

¿Poeta distinto?.-

Tengo conciencia de que lo que yo hago es distinto. José María Fernández Nieto decía que mi poesía navega por otros mares.

Sus mejores libros en el siglo XXI?- Es extraño.-

Puede ser. Desde 35 poemas seguidos y Travesía de los Confines, siendo dos libros muy diferentes, quizá marcan un cambio. Uno tiene tendencia a creer que sus últimos libros son los mejores, o los preferidos.

¿Poeta desconocido?

Vivir la, y en la, ajenidad no favorece que a uno se le conozca. Pero tampoco soy un desconocido. Mi obra es conocida de muchos y eso me satisface. Lo que sí me importa es que mi obra no desaparezca conmigo y se conozca en los tiempos venideros.

Hablemos de otros autores, ¿le parece?.-

Adelante.

Gerardo Diego.-

Hombre de talento y muy amplias posibilidades que hizo una obra tradicional importante. A veces con gran valor. Recuerdo su Fábula de X y Z en homenaje a Góngora que me gustó mucho cuando la leí. Pero el creacionismo fue una cosa momentánea que pasó, sin más. Puede ser interesante por la temática, la ruptura del verso. Creo que el propio Gerardo se autocorrigió con sus “Versos Humanos”. Todo el mundo conoce su soneto al ciprés de Silos. José Hierro le consideraba en cierto modo su maestro o uno de sus maestros. Creo que se podría decir que como otros de su generación, Gerardo Diego ha aireado la poesía española y eso ya es mucho.

Carlos Edmundo de Ory.-

Es un prodigioso renovador como ya he dicho antes. Ha hecho una obra de magisterio. Con grandes aportaciones.  A nivel personal era distinto a como uno podía imaginar. Se imagina uno a un chico revolucionario, disconforme con todo y resulta que era todo lo contrario. Era un hombre muy afectuoso, una gran persona. De una amistad irrompible. Una de las diez o doce grandes inteligencias que he conocido en mi vida. Le conocí personalmente en Maguncia y más tarde en su casa de Thézy-Glimont me di cuenta de que me sondeaba durante media hora para conocerme de verdad. Luego me dio su amistad entera, de una vez y para siempre.

Una de las cosas que más admiro es la inteligencia.  Cuando uno encuentra alguno de esa gente superior, hay que inclinarse, y Carlos Edmundo de Ory era una persona de esas.

Francisco Pino.-

Paco Pino tenía la convicción de que la poesía exige una entrega absoluta. Una entrega total. Un gran poeta. Tenía posibilidades para costear la edición de sus libros, pero las ediciones que hizo se limitaban a tiradas de 100 ejemplares. Ahora disponemos de su obra publicada por Antonio Piedra y por la Junta. Su lema era “Por y para la poesía” y su actitud vital fue siempre esa: vivir apartado para crear poesía. Tenía mucho talento y gran inteligencia. Veo cierta semejanza entre Carlos Edmundo de Ory y Paco Pino en cuanto a la conciencia que ambos tenían de su destino fundamental de poetas. Pino ha influido en los jóvenes de Valladolid. Pero ahora se le conoce cada vez más, también por su obra experimental. Muy alto poeta sobre todo en sus libros finales.

¿Como usted?.-

Mi apartamiento, como a él, no me ha facilitado la publicación de mis libros. Pero aún así hace ya bastante tiempo que las editoriales o los organismos oficiales me ofrecen su protección, como la Fundación Jorge Guillén, Adonais, Tansonville, Genil, Calima. Calima ha publicado dos libros míos y va a publicar también el próximo.

Cirlot.-

No hay que leerle la obra total. En la antología de Cátedra está lo mejor de Cirlot. Es un caso muy curioso, yo no he conocido otro. Carlos Edmundo de Ory y Cirlot no se conocían personalmente y se correspondían, se escribían mucho porque ellos se descubrieron un parentesco espiritual. Luego resulta que cuando se conocieron de verdad fue un auténtico fracaso.

Hay varios casos así. Una poetisa rusa llamada Marina Svetaeva que salió de la Revolución y vivió cerca de mi casa, cuenta que empezó a corresponder con Rilke, quería verle, y cuando finalmente se conocieron ocurrió lo mismo, una especie de falta de comunicación, de contacto, una decepción. Lo llama un “no encuentro”.

Cirlot y C. E. de Ory y Paco Pino son de la misma familia. Irreverentes, marginales, convictos de su destino.

JM Ullán.-

Lo conozco muy mal. No puedo opinar.

Vicente Huidobro.-

Altazor  fue algo nuevo en su momento, de ruptura con los temas y el verso clásico. Ocurrente, atrevido. Pero no creo que si el mundo termina deba estar entre los elegidos. Es el antepasado de los creacionistas.

Hablemos de sus dos latitudes.-

Vale.

Francia.-

Francia. Soy catedrático de francés. Amplié mis conocimientos en Literatura e Historia. Mi actividad profesional se ha desarrollado en Francia en contacto con serios eruditos en quienes he descubierto el rigor intelectual. Tengo una familiaridad grande con la literatura francesa por profesión y por afición. Un buen conocimiento del país, de las gentes, de los sitios. Francia me ha aportado a mí parte de esta manera de concentrarme en el aislamiento y también me aportó algo que no tenía, que en España no se tiene, o se tiene poco, o de otro modo, como es el rigor, la exigencia para consigo. Es cuestión de temperamento. He aprendido a ser exigente con mis cosas y lo soy con mi propia obra. Ahora soy muy de aquí y muy de allí. Y eso me satisface.

Turno para España.-

Yo me fui a Francia en el 52. No tenía recursos, estuve en el Colegio Mayor de Valladolid con una beca y al terminar, tenía en mente pasarme tres o cuatro años preparando oposiciones, que era lo usual. Pero carecía de recursos para dedicarme a una preparación larga. Tuve la suerte de que Don Aurelio Viñas, catedrático de la Universidad de Valladolid, era director adjunto del Instituto Hispánico de la Sorbona y él me consiguió un puesto de lector en Ruán, en Nomandía, donde estuve tres años. Luego me presenté a oposiciones y gané la Cátedra de Francés Escuela de Comercio y más tarde, de Institutos. En la universidad francesa he sido Profesor Titular.

 

Usted se da cuenta de que yo le he preguntado por España y seguimos hablando de Francia…-

La castellanía no se me atenúa, ni lo hispánico. España es mi cimiento, el campo donde siembro. Aquí respiro de otro modo, hablo de otro modo, soy de otra manera. Una vez escribí: “Se es la lengua que se habla”, porque la lengua le condiciona a uno también, como el nombre de pila. Cuando hablo en castellano soy a la vez todos los que han sido en mi ancestralidad: lo campo, lo rudo, lo páramo. Cuando hablo francés me transmuto en otro igual de verdadero, más liso y ameno. España y Francia son mis amantes, mis sedes, mi convicción y mi conducta, mis patrias.

Terminamos por hoy. Me debe usted otra entrevista. Debemos seguir desmontando a Arcadio Pardo.-

Claro. Reciban un cordial saludo.

En Valladolid, a catorce de mayo de dos mil trece.

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