Desmontando a Arcadio Pardo (II)

Arcadio Pardo

Lo que van a leer está extraído de la conversación que miembros de la editorial LCK15 mantuvieron con el poeta Arcadio Pardo el pasado ocho de agosto de los corrientes.

Gracias, maestro.

Háblenos de su último libro: Lo Fando, Lo Nefando, Lo Senecto.-

Es mi libro más reciente, todavía inédito, aunque de próxima publicación. Fando es palabra desaparecida del lenguaje que viene de Fandus, fanda, fandum, participo del verbo Fari. En griego era el verbo Fano. Significa, lo que se debe decir, lo que es bueno decir. Recupero esas formas Fando, Nefando como nombres o como adjetivos y muy frecuentemente como forma y significado neutros. Hace años lo neutro en la lengua me atrajo como significado pleno y ahora lo restauro en este libro. El poema inicial del libro lo dice mejor. Nefando es lo contrario, o sea, lo que no es bueno decir.

 

 

¿Puede explicar la elección del título?-

El título, que es un endecasílabo, como otros títulos de otros libros míos, anuncia sus tres partes bien diferenciadas y también, creo, equilibradas. El título a veces precede al libro. Generalmente aparece después. Éste mío ha venido simultáneo con los poemas. Los poemas han engendrado el título y el título ha engendrado los poemas. Probablemente ha sido así en el caso de Juan Ramón Jiménez y su título Dios deseante y deseado, o en el de Dámaso Alonso. Hijos de la ira.

 

¿Qué es lo senecto?-

Los poemas de la tercera parte lo explican mejor que yo ahora. Los poemas siempre explican mejor que lo que el lenguaje corriente puede decir porque el poema se apoya en ritmos, consonancias, alteraciones y anomalías que contribuyen a significar lo que nuestro lenguaje oral y cotidiano no puede decir. Pero sí puedo decir que lo senecto no es la ancianidad ni la senectud, sino algo como una sabiduría ancestral acumulada. Una altitud probablemente innata desde la que se pueden aclarar muchas oscuridades. Hay senectos sabios y los hay ignorantes. Hay que leer un poema que empieza así: “Mi pleitesía a ti, mi senecta silvestre”. Fue una mujer aldeana, analfabeta o casi, que conocí hace muchos años. Pero ¡qué sabiduría la suya!

 

 

¿Arcadio Pardo se considera un hombre/autor senecto?-

Voy a atreverme a decir que creo que sí. De lo contrario no hubiera podido escribir esos poemas.

 

 

Cualidades para alcanzar lo senecto.-

Senectud y senecto no son lo mismo. La senectud nos viene por edad. Lo senecto está en otra latitud.

 

¿Sigue afirmando que será su último libro?-

 

Cuando el año 2001 Eduardo Fraile, publicó mi “Travesía de los confines” en su colección Tansonville, yo estaba convencido de que ese libro era mi libro final. Pero resulta que pasado algún tiempo, vinieron otros poemas y otros libros cada uno de los cuales era siempre el libro final, definitivamente final. Ahora este libro es también, naturalmente, mi libro final. A no ser que venga otro que parece anunciarse en el último verso del último poema y que podría llamarse “De la naturaleza del olvido”. A mi edad uno ya no puede asegurar nada.

 

 

Hablemos de su trayectoria. Poca gente sabe que usted fue editor.-

Bueno, yo no he sido editor. La revista Halcón nació por impulso de Luis López Anglada y de Manuel Alonso Alcalde que me integraron al proyecto cuando yo era todavía un chaval. Luego Pablo Puente Paz que era gerente de Sever-Cuesta y no sé si dueño o también gerente del Bazar Puente,  asumió los costes de la colección de libros que dirigió Fernando González. pero no se puede decir que hayamos sido editores y yo menos aún que los otros.

 

 

Revista Halcón, ¿qué recuerda de aquella época?-

La Fundación Jorge Guillén ha publicado la colección completa en edición facsímil con una introducción de Luis López Anglada y otra mía en las que exponemos la historia de nuestra revista y de la colección. Entonces las actividades literarias estaban solapadamente politizadas, pero nuestra revista pretendió el equilibrio y acogió a poetas de toda clase de ideologías. Lo cual, por otra parte, ha dado motivo a que no se la considere más que como revista neutra, ecléctica, sin relieve.  Vista a más de medio siglo de distancia me parece que hay que considerarla como una publicación abierta, generosa, sin exigencias políticas, pero que en el ámbito nacional  no alcanzó el relieve de otras como las tan conocidas Garcilaso y Espadaña. La verdad es que hay cientos de revistas de aquella época. Un saludo desde aquí a Rocamador que fundó en Palencia José María Fernández Nieto y tuvo también su representatividad en aquella época..

 

 

Opinión sobre los editores que ha encontrado en su larga trayectoria.-

No me puedo quejar. Ser acogido por una editorial o en una colección de poesía siempre es difícil en los principios cuando uno carece de nombre reconocido. Como mi nombre sonaba por mi participación en Halcón y mis relaciones con poetas de Madrid y  los de la Revista “Proel” de Santander, no me ha sido muy dificultoso publicar en las colecciones de poesía. También es verdad que mi situación de ausente me alejó de las posibilidades de publicación y durante un tiempo tuve que costearme algunos de mis libros. Pero desde hace ya bastante tiempo las colecciones me acogen sin demasiadas dificultades. Calima ha publicado ya dos libros míos y ahora va a publicar el tercero.

 

 

¿Cuándo supo Arcadio Pardo que era poeta?-

Nunca he tenido la convicción de ser poeta. Se me ha considerado poeta y yo lo he acatado así. He llegado a admitir que soy poeta y ahora que mi obra provoca alguna estima, me preocupa su alcance y su destino. ¿Cómo sabrán los otros poetas que son poetas? ¿Cómo puede alguien estar convencido de que lo es de verdad?

 

 

También teórico, ensayista. Jamás habla de su trabajo en este campo pese a poseer una gran experiencia.-

Mis trabajos que podemos llamar profesionales o de investigación han puesto su interés en dos campos muy distintos. Me ha interesado conocer cómo descubrieron el arte español los viajeros franceses que vinieron a España en el siglo XIX; cundía entonces la moda del orientalismo y este país, visto desde Francia, era también tierra oriental. He estudiado la obra de Théophile Gautier, Edgar Quinet, Charles Davilliers y otros. He visto con agrado que Bartolomé Bennassar en la bibliografía de su libro Le Voyage en Espagne, 1990, sólo me cita a mí y a mi libro El arte en los viajeros franceses del siglo XIX, que editó el servicio de publicaciones de la universidad de Valladolid en 1984.

Desde hace años vengo publicando, en otro dominio, trabajos sobre métrica en la revista Rhytmyca de la universidad de Sevilla y en otros sitios. Son trabajos de especialización. Hace pocos meses el poeta francés Bernard Sesé me pidió un prólogo para su libro Ivre de l’horizon, en francés, que ha aparecido ya. Y hace unos años hice la edición bilingüe y la introducción a su Disciplina de lo arcano que publicó Adonais.

 

 

Sus orígenes, la difícil ubicación de Arcadio Pardo. Nace en Beasaín. Algunos le reclaman por el País Vasco.-

Uno de mis desvíos de adolescente fue escribir y publicar un poema que se titulaba “Canto de amor a mi tierra de Vasconia”. Porque resulta que yo nací en Guipúzcoa porque mis padres residieron en Beasain unos años. Cuando yo tenía seis años nos trasladaron a Madrid el año 35, y poco después a Valladolid de donde soy. Yo no tengo nada de vasco ni por ascendencia ni por educación. Es verdad que en varias ocasiones me han solicitado para incorporarme a antologías de poetas vascos o de poetas vascos en lengua castellana, a lo cual me he negado rotundamente por considerarlo una impostura. Claro que me quedan recuerdos de mi niñez que han aflorado en algunos poemas: mi escuela, el camino por donde iba, los fresones de una huerta, la nieve de la peña Aralar. Lo que sí tengo es la curiosidad por conocer los orígenes del vascuence que sigue siendo un misterio.

 

 

De familia humilde. Hijo del ferroviario.-

Sí, mi padre fue ferroviario en el servicio de movimiento, o sea de trenes de mercancías primero y de pasajeros después. Ya no podemos imaginar lo que era en aquella época pasarse noches de invierno en una garita de aquellos vagones antiguos. Uno de esos trenes se incendió con materias químicas inflamables y a consecuencias de las heridas tuvo que abandonar el servicio. Mi madre era hija de ferroviario también, pero de servicio de estación, factor primero y jefe de estación después, aunque de estaciones de escasa importancia como Monzón de Campos en Palencia o Legorreta en Guipúzcoa. Los orígenes remotos de mi padre están en Palacios de Benaver, en Burgos, y los de mi madre en El Carpio por línea paterna y en Pozaldez por línea materna, ambos en la provincia de Valladolid.

Dos jóvenes maestras recogieron a niños durante la guerra en un entresuelo de la calle Mallorca. La mía era Doña Carmen quien, el año 39, cuando tuve 11 de edad me mandó que fuese al instituto Zorrilla a solicitar matrícula gratuita. A ella le debo haber iniciado estudios secundarios que pude proseguir con los universitarios. Conservo hacia ella verdadera veneración que ya no se extinguirá nunca.

 

 

¿Salir o escapar de España?-

Mi salida de España no ha sido por motivos políticos. Como ya he dicho antes, yo no tenía recursos para dedicarme varios años a preparar oposiciones después de la licenciatura. Un catedrático de Historia de la universidad, D. Aurelio Viñas, fue durante bastantes años director adjunto del Instituto Hispánico de la Sorbona, en París. Como había sido catedrático en mi universidad, se le invitaba a veces a dar alguna conferencia y se le alojaba en el Colegio Mayor de Santa Cruz donde yo residía. El año de mi licenciatura vino a Valladolid y entonces me atreví a pedirle me ayudara para obtener un puesto de lector en Francia, pero entonces no me dio grandes esperanzas por tratarse de puestos muy solicitados. Sin embargo unos meses después me escribió para anunciarme que me habían nombrado lector en el instituto de Ruán, en Normandía  donde estuve tres cursos. Me dediqué entonces a preparar oposiciones pero no de historia ni de lengua española, sino de lengua francesa. Gané oposiciones de cátedra a escuelas de comercio y también de institutos. Luego he sido lector de las universidades de Aix-en-Provence, Sorbona y Paris X Nanterre, y profesor titular de esta última. También he sido catedrático en el Liceo español de París durante veinte años.  Y fundador y director de la Sección española del Lycée International de SaintGermain-en-Laye.

 

Aislamiento y ajenidad como fuente de conocimiento.-

No sé si se trata de conocimiento ni de qué categoría de conocimiento. En los años pasados era frecuente oír decir que la poesía es conocimiento. Aleixandre dijo que la poesía es comunicación. ¿No será más bien que la poesía se nutre de conocimiento, de intuiciones, de sorpresas y deslumbramientos? Claro que el aislamiento y la ajenidad me han ofrecido otros espacios que indagar, otras comarcas que explorar y anexionar. Pero si me pregunto qué conocimiento me han aportado mis poemas, no sabría qué contestar. Puede que convenga invertir la indagación y tratar de dilucidar qué conocimiento el poeta aporta al poema en todas sus ramificaciones lexicales, gramaticales o agramaticales, sonoras, rítmicas que en el fondo provienen de todo cuanto el poeta ha recibido de los milenios pasados, de su sabiduría, de sus entornos sucesivos, de sus experiencias. Hay que leer el poema de Lo fando que empieza así: “El amor no engendra conocimiento”.

 

 

¿Ha cosechado algún premio?.-

No, yo no tengo premios. Sólo uno en Sevilla, el Premio José Luis Núñez 1982 a mi libro Suma de claridades. El premio consistía en la edición del libro. He concurrido a algún otro como el Ciudad de León sin resultado, y nada más. De haber concursado a otros, mis libros no hubieran superado la preselección que se suele hacer. Seguro que los preseleccionadores hubieran considerado mi lenguaje como incorrecto e inadmisible.

 

 

Universidad de París X-Nanterre. ¿Qué significa para usted?-

Debo mucho a la universidad francesa. Primero descubrir que la enseñanza universitaria es otra cosa que la rutinaria, global, memorística e insulsa que yo recibí. Ahora me produce cierto espanto cuando recuerdo que había que aprender de memoria períodos amplios de la historia o de la literatura. Sin conocimiento de los textos ni incitaciones a conocerlos. Creo que las cosas han cambiado, afortunadamente. En la universidad francesa he aprendido a aprender y también a enseñar. La universidad de París X-Nanterre y las otras donde he ejercido durante mucho tiempo han sido más que una sede profesional, una residencia intelectual, un beneficio incalculable originado en la familiaridad con los hispanistas franceses y con los estudiantes numerosos, sucesivos, siempre renovados.

 

 

Si Arcadio Pardo se hubiera quedado en España, ¿cómo se imagina su presente o su pasado reciente?-

Cuando yo me licencié en Filosofía y Letras había que esperar tres o cuatro años o más una convocatoria de oposiciones a cátedra de enseñanza media. Yo no tenía recursos para dedicarme a preparar las oposiciones, de modo que es probable que me hubiera integrado como profesor en algún colegio privado. Mi obra no sería la que ha sido pues los incentivos que provocan la creación no hubieran sido los mismos. No hubiera vivido la ajenidad, seguro que no. No hubiera sentido la atracción de lo otro ni hubiera tenido quizás los gozos que el lenguaje liberado me ha procurado. No sé; no es fácil imaginarse uno de otro modo de cómo ha sido y es.

Sin embargo, como hay ejemplos de poetas sedentarios confinados en su entorno, como Pino, Aleixandre, Pessoa, Emily Dickinson y otros, quizás  hubiera creado una poesía de distinta amplitud. Quién sabe. También hay poetas que han tenido que vivir en una inestabilidad permanente o casi permanente, como Miguel Hernández, Alberti, y otros que durante la guerra escribían sus versos en las trincheras o en un desarraigo permanente.

 

 

El viaje. El paisaje en la obra de Arcadio Pardo.-

Mi poesía no es descriptiva, aunque puede ser, a su modo, narrativa. Más que descripción, yo diría alusión, evocación.. El viaje es la amplitud, el ensanchamiento, el ofrecimiento de uno a lo ajeno y la incorporación de lo ajeno a uno mismo. Hay los paisajes familiares y los paisajes extramuros y todos se entrelazan y se fecundan.

.Yo me siento bien, incorporado a la lejanía. Debe de ser algo atávico que persiste en mí y me enriquece.

 

 

¿La poesía como objetivación de la realidad?-

La poesía es la realidad. La realidad más real y verdadera; el poeta la encuentra en su presente, en su entorno, en las realidades desaparecidas. El poeta ve la realidad en las apariencias y detrás de las apariencias. El poeta descubre y dice su descubrimiento. Más aún: el poeta preserva la realidad de su desaparición y –como dice René Char en la cita que pongo al frente de mi libro, ya a punto de aparecer- el poeta es el conservador de la inmensa variedad del mundo. Y de sus variaciones. Toda poesía es realidad, incluso la que se nos antoja ligera y superficial. Hay poesía superficial sumamente bella que halaga y conmueve porque es también verdadera. Todo cabe en poesía y todo puede ser materia poética.

 

 

Arcadio Pardo pretende trascender, ¿concepción panteísta de lo vivo?

“Pretender transcender” no me va bien. Si hay algo que transciende no es el poeta, sino el poema, sin que el poeta lo pretenda. Sí que es un anhelo pensar que la obra puede sobrevivir porque conlleva algo más que lo históricamente actual y que puede de alguna manera remover la sensibilidad de quienes vengan después. A muchos sólo les preocupa el impacto de la obra en su tiempo, de donde viene la poesía que pretende influir en lo social actual. O sea, todo lo contrario de aquello de Antonio Machado: la palabra en el tiempo. O sea, la palabra duradera.

Suele decirse que mi poesía es panteísta. Creo en la consanguinidad de cuanto es y ha sido y que por lo mismo somos consanguíneos de toda mineralogía, de toda zoología  y de toda vegetalidad. Y de cuanto es más allá de lo visible. Un poema de mi libro dice que somos elementos, componentes de todo lo que existe. El cosmos reside en uno y uno es, de alguna manera, su expresión concentrada.

 

 

 

Para terminar, elija una palabra.-

Hoy elijo tres: lo fando, lo nefando, lo senecto. Así, en neutro.

 

 

Un poema.-

Si se me pide un poema mío, no sé cual escoger. Por decir uno el que empieza El amor no engendra conocimiento en el libro que va a aparecer ya pronto, creo. Si se me pide un poema ajeno, no soy capaz de escoger uno de entre la inmensa marea de poesía que ha creado la humanidad. Limitado a la poesía castellana, por citar uno, voy a decir el titulado El Otoñado, de Juan Ramón Jiménez en su libro La estación total. Es el poema que empieza así: “Estoy completo de naturaleza”.

 

 

Un viaje, un paisaje.-

“El imposible don de la simultaneidad”, como en un poema de mi libro. Un gozo imposible: estar en varios sitios y en varios tiempos a la vez. Estable y moviente a la vez, nómada y sedentario. La variedad del mundo y de los tiempos constantemente revividos. La expulsión del paraíso debe de ser también nuestra enclaustración en aquí y ahora.

 

 

Últimas lecturas de Arcadio Pardo.-

Mis lecturas son muy variadas. Las más recientes, las de este verano: Nicomède, de Corneille, un drama del clasicismo francés, Cléopatre, de Oscar De Wertheimer, en versión francesa. Y un drama de Albert Camus, Le malentendu.

 

 

Una frase de despedida efímera y efeméride  para este barco de piratas.-

Seguid siempre en alta mar

 

Gracias por todo, maestro, ha sido un placer entrevistarle. Reciba un cordial saludo de todo el equipo.

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