Ausencia del héroe- CHARLES BUKOWSKI

Ausencia de

Aseguran los entendidos que llegado el calor los lectores buscamos lecturas entretenidas,  poco sesudas.

Los entendidos suelen fallar tanto como los analistas políticos porque esto de los libros no lo entiende ni la madre que lo parió.

Así que hay que hablar en primera persona.

Hace poco un juntaletras me dijo que para ralentizar su mente literaria leía a Proust.

Este no anda bien pero es su asunto, claro.

Particularmente, en períodos de spleen, de necesidad de desconectar de Literatura, valga la contradicción, me agarro al viejo Charles Bukowski.

La razón: al margen de su cuestionable calidad poética, por ejemplo, sin duda, muy destacado, es uno de los escritores que más me entretiene. No es poco mérito.

Este es un libro de artículos y relatos. Tampoco defrauda.

No hace falta describirlo: historias de borrachos y mujeres y decepción.

Pero me suena, escribe, lo narra, me entra, muy divertido.

Bukowski transitó a personaje, Chinaski, con mayúsculas,  y escribe sobre ese personaje que pretende ser él pero que todos los escritores saben que nunca suelen ser del todo ellos. Luego uno se mete en el papel, en el personaje que lo abarca todo, y las páginas se doblan y se fusionan como un agujero de gusano galáctico de realidad interestelar. ¿Quién fue quién?

Si leemos alguna biografía de Bukowski se puede entrever que nunca fue un trotamundos ni recorrió el país a bordo de ningún autobús, aunque sí pudo realizar viajes puntuales al Este; tampoco fue un tirado ni un homeless, aunque quizá sí un gran bebedor, insatisfecho, decepcionado, acomplejado, incansable perseguidor literario y mujeriego sin más rumbo que la literatura y que  jamás perdió el control sobre lo que hacía (cuenta alguna de sus ex esposas que siempre guardaba un depósito de decenas de miles de dólares en el banco como carta de seguridad, por poner un ejemplo).

El reconocimiento (como articulista y poeta) le llegó tarde y eso no es nuevo aunque suele condicionar la literatura que se escribe. Se gana perspectiva, claro. Se pierde la vergüenza y el miedo a mandar ciertas cosas o personas a tomar por culo.

Perfumar ese aire de perdedor con cierta sensibilidad, cinismo y sentido del humor lo convierte, a ratos, en conmovedor. Al final lo que importa no suele ser el qué, sino el cómo. Más o menos de este modo.

Chinaski repasa a sus mujeres, apuesta a sus caballos, grita inmiscuido en la pesadilla de la noche pero, si se fijan, casi nunca le hace verdadero daño a nadie, casi nunca se pelea con violencia ni rompe un cráneo, no maquina ni intriga, ni envidia,  casi nunca es Dostoieski, casi nunca habla o va de putas, casi nunca actúa para que no le queramos, no sintamos que lo queremos como es, como escribe que es.

Se cuenta que era un magnífico rapsoda y que dominaba los recitales como nadie.

Pregunta para los bukowskianos: ¿se dan cuenta de que siempre dice escuchar música clásica pero jamás diserta sobre ella? Ni en los artículos. Resulta difícil no escribir sobre lo que mejor se conoce, ¿no creen? Entonces, ¿qué ocurre? ¿Otra pincelada para el personaje?

Bueno. Se queda aquí. Lo dicho. Bukowski. Un lujo.

Recomendación estival.

Edita: Anagrama.

 

Color: bermellón.

Huele a: puros baratos

Sabe a: cerveza caliente.

 

 

 

 

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2 pensamientos en “Ausencia del héroe- CHARLES BUKOWSKI

  1. egoyome

    Creo que para Bukowski la música era demasiado sagrada y una vía de escape por lo que no necesitaba incluirla en sus relatos, que muy a menudo son una (excelente) vomitona de toda la mierda que acumulaba este hombre. En Ham on rye hace mención a que su padre se pone violento por la afición de Bukowski a la música clásica. Teniendo en cuenta que su padre era un maltratador, imagino que no querría que su víctima tuviese ninguna escapatoria. Quizás sea eso… ¡No lo sé!

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  2. David Nieto Autor de la entrada

    Asunto para especialistas bukowskianos, me temo, amiga. En Run with the hunted, (Peleando a la contra), el editor sí encadena varios poemas “musicales” pero son poca minuta en relación a uno de sus pilares como escritor: un cuarto, una máquina de escribir, alcohol y música clásica.

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