Lo Fando, lo Nefando, lo Senecto- ARCADIO PARDO

Lofando

Lo Fando, lo nefando, lo Senecto, título endecasílabo, es el último libro del maestro Arcadio Pardo.

El Maestro lo dijo así pero todos sabemos que nunca suele ser el último, siempre tiende a ser el penúltimo.

Lo Fando no defrauda, al menos, contiene el lenguaje preciso, novísimo, personal, de un sabio, de un hombre corriente que mutó para nos, en es, ese hombre que pudo subir a la montaña y traer el fuego iluminado, inacabable, veraz, para ustedes.

Aboga por el despojar del sentimiento aunque sus libros se cuelen muy dentro.

“Despojadas las cosas de su género, de su apariencia, de sus rugosidades, de sus accidentes, la intuición me condujo a esta verdad entonces: que lo neutro es más profundo.

Concebí en neutro la totalidad:

lo amor, lo espacio, lo nos, lo todo.” (pág 13)

Dice siempre Pardo que su poesía no es descriptiva, pero creemos que sí se asienta en el viaje, en el tránsito, en el continuo movimiento, en perfecta armonía panteísta. Observando. A lomos del Caballo Universal.

“La edad del universo suena aún y resuena en la respiración de cuanto natural. Y sabemos que toda antigüedad nos es contigua y consanguíneo lo enantes y lo allende”.

Pardo ya es Voz única y reconocible, identificable, y nos regala sus habituales licencias con el lenguaje, asentándolo en su Forma, su manera de recomponer el papel, celebrando poder comulgase con la luz antigua del mundo y su canto de armonía incandescente.

“Cada nos sucesivos desde antes de los siempres,

celebrantes perpetuos, acólitos del culto de la inmensidad,

a vos, milagrosa venida incandescente,

majestad de la vida.” (pág 21)

Pervive el culto a las emanaciones originales, a lo milenario, a lo transitivo.

Ese poema que nace de una idea, de una palabra, para recorrerlo, andando, a ciegas, pero pleno, acólito del culto de la inmensidad.

“me enlazo con la suma antigüedad y me incorporo cuanto clan ha habido,

me poseo en lo hallazgo, en lo ceniza que fue lumbre,

en la piedra tallada” (pág 33)

Poesía yuxtapuesta, copulativa, sustantiva, ligada al latir molecular del Cosmos.

Parece tener el poemario algo de estructura tríptica, separada, pero no debemos dejarnos engañar por los índices de los libros, en su fando, nefando emerge lo senecto, la conexión con la posteridad, con el permanecer, de algún modo, para siempre.

“Tiempos vendrán que seremos nos la antigüedad.

Como a vidrieras de nuestras iglesias, así nos mirarán,

como a frescos pintados en los muros.

Nos verán carecidos de formas y atavíos,

rostros imaginados, cuerpos en desigual, discontinuos, fragmentados.

Nos ven un tiempo y luego no nos ven. Como quiérannos ver, así nos ven.

Rescatan nuestros nombres y ponen datos, fechas, deciden nuestro entorno”. (pág 91)

Arcadio Pardo parece no querer escribir poesía, pretende engendrar conocimiento, pateando el culo del amor, apostando su pluma tras el robusto cimiento de la sabiduría, fijando lo nefando en la finitud del caos, acunando su poesía desde el viaje, de sus plantas, sus cuadros, sus árboles, sus piedras…

“Nos, fragmentos igual del universo, pequeñeces en trozos,

componentes en nimiedad,

partes de un todo que ignoramos, eso:

fragmentos nada mas.”

(pág 77)

Arcadio Pardo en sucesivo, consanguíneo, cotidiano, voz propia y pura, depurada en el trasgo antiquísimo de la eminencia que el aire roza y lo contigua.

“Me otorgaría el don de asentarme en los siglos por venir

junto a quien lea mis poemas,

le sienta yo su respirar a ella, a él, y atisbarle si/

si algún enigma le detiene, si algo le mueve a sueño.

(….)

Recogido a la par y repartido, contemporáneo de toda contemporaneidad,

habitante y residuo de todos los eventos.

Eso me otorgaría.

Vivirme la amplitud de los tiempos en multiplicidad de los sitios,

simultáneo de todos y de cuanto.

Eso: en vigor, en senecto, en incipiente.

(pág 115)

Arcadio Pardo, como en todos sus libros, se camufla en el espacio tiempo, se adhiere a la velocidad de las partículas que en constante movimiento hacia lo neutro, hacia ese envidiable don de la simultaneidad desde su allendidad, desde su ajenidad, firmando un nuevo libro para aprender y recordar.

O como dice la nota del editor:

“Arcadio Pardo no se esconde, no se exhibe, no retiene propagandas ni en sus manos limpias ni en sus bolsillos llenos de fósiles muy muy antiguos. No persigue honores ni mendiga vanidades. Voy a su casa porque atesora tanta sabiduría que no le cabe en el corazón. No es un secuaz.”

Amén.

Edita: Calima 

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