Suave es la noche- FRANCIS SCOTT FITZGERALD

Suave 2

 

 

Sobre los apartamentos de verano en el levante español.

Esas cortinas con encaje y bordaditos, y florecitas, de colorines, ya desteñidos, claro, cincuenta años. O más.

Regalos de boda. Eso parecen. Sacados de un ajuar barato de la posguerra.

Y los butacones de eskay…ya ajados. A saber la de culos y rabos que han restregado el sudor volcánico del período estival por sus estrías…

Y las antiquísimas cómodas que guardan la cabeza de la abuela disecada junto a esa plancha que compró esa misma abuela cuando se casó… en 1950.

Y esa colección de horrendas acuarelas o lienzos o pinturas que algún familiar le regaló y expone en su piso de vacaciones que alquila porque… porque aunque piensa lo mismo que el arrendatario, que son un dolor, una aberración para la pintura, para el arte como concepto de inodoro,  lo tiene en su piso de alquiler de vacaciones…  porque quiere torturarle a usted, amigo veraneante.

Jó – de  – te

El noventa y cinco coma tres por ciento de los rentistas de apartamentos de veraneo son unos cabrones. Lo dice la Universidad de Wisconsin.

Por no hablar de los secaderos y lavaderos y lavadoras Balay o Teka y las cazuelas que que ya cumplen treinta años y las sartenes que olvidaron cumplir veinte o cuarenta años y ya no pueden ni freír una croqueta y en general todos esos artefactos inútiles y defectuosos que los rentistas, arrendadores y usureros siguen guardando, almacenando, en esos apartamentos de verano del levante español… para usted, amigo veraneante, para usted, todos para usted…

Suena Manolo Escobar… esperen… el carro ha vuelto… lo encontró la Compañía de Seguros y se lo devolvieron.

Entonces, si todo es tan viejo, tan inservible, ¿por qué lo siguen almacenando? ¿por qué lo dejan allí? Si a ellos no les vale, ¿por qué pensar que al arrendatario puede valerle? Por ejemplo, ¿no es mejor tirar toda esa colección de sartenes inservibles a un contenedor y comunicar, si no se quiere gastar el rentista los veinte euros que pueden valer unas nuevas, que no hay sartenes?

¿Por qué ser así? De esa, ese tipo de… manera en que se retratan, nos retratamos, los seres humanos como individuos de la Colonia Más Brutal y Poderosa del Planeta.

Las ratas tienen más nobleza que la Colonia, sin duda.

Y ves esos edificios desconchados, descoloridos, jalonados de toldos naranjas y verdes, a lo lejos, y piensas que vuelves a ser ese Antonio Alcántara que cruza el país a bordo de su utilitario bajo el pavoroso sol y su Merche le va diciendo “por ahí no, Antonio” “para el coche, Antonio, que se mea el Josete” para aterrizar cansado ,estresado y sudoroso en esa urbanización donde te cruzas con otros Alcántaras y otras Merches y otros niños que te han estado haciendo la puñeta desde que saliste de tu querida ciudad natal. Y en esa urbanización hay una piscina y es lo primero que pisas cuando te dejan un poquito en paz y entonces ves salir a dos o tres tías jamonas, joder, qué buenas, piensas, para mojar pan y no parar,  pero salen desde otros bloques que nunca son el suyo, el de Alcántara, y sólo queda mirar al cielo y esperar que esa nube que va a pasar por el cielo pase de verdad y se parezca a una sartén nueva porque las que te has encontrado en el dichoso apartamento tienen más años que la abuela de Dios, perdón, de Cuéntame

Los apartamentos de vacaciones. El levante español. Un clásico que nadie debería perderse por estas fechas.

 

Al hilo, dejo en el tintero otro clásico. Suave es la noche. Novelón de quilo y medio que le servirá para sobrellevar uno, dos o tres veranos si lee con celeridad.

Por este mamotreto circula gente que parece permanentemente de vacaciones, gente que viaja en cruceros y se aloja en hoteles donde se perfuma el aire acondicionado con pétalos que huelen a chocho de Cleopatra.

S. Fitzgerald es buen escritor del llamado período entreguerras. Fue otro borracho ricachón que se dedicó a escribir de lo que mejor sabía: de gente con pasta. Encontrarán personajes con glamour venidos a menos o a más, intrigas amorosas, decepción primosecular y mucho, mucho movimiento entre copa y copa, cocktail y cocktail, lunch and lunch, porque Francis, tengo mis sospechas,  jamás pisó un legendario apartamento del levante español.

Él se lo perdió, supongo.

Este libro salió con el periódico El País, en tapa dura, en algún año de la década en que todo era distinto aun siendo igual.

 

Color: rojo.

Huele a: mar

Sabe a: bourbon.

 

 

 

 

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