Mortal y rosa- FRANCISCO UMBRAL

mortal

 

 

No.

No es inapropiada esta lectura para el verano.

No.

Umbral nunca es inapropiado para los lapsos estivales porque siempre fue un escritor dietario, de placeres y días, y hay veranos y lectores que no pretenden apretarse una historieta sino más bien paladear un poquito en un rato y mañana otro ratito y así.

A Umbral, ser de lejanías confeso hasta la extenuación, como a todos los escritores biográficos y dietarios, con los años pareció estorbarle la ardua labor de escribir novelas para el patrón pero tenía que escribirlas porque la novela es la que pone nombre y oropel y la columna y el dietario el pan y el queso de cada día. Una cosa con la otra permite vivir del tema, ahora no sé, la verdad, supongo que también.

Mortal y rosa es el diario que se sustenta en la muerte de un hijo. Acaso el suceso más terrible que puede acontecerle a un ser humano. La diferencia con otros autores que publicaron sus libros basados en tragedias es que Umbral no pretende narrar un folletín crematístico ni un dramón, no pretende cronometrar el deceso de un niño descontando los minutos y añadiendo lágrimas al pañuelo. Algún autor conozco que ha tirado por este camino y no deja uno de pensar si no es prostituirse de algún modo para publicar un libro utilizando algo que debería ser sagrado…

Bueno, esta sección no es juez ni parte. No sigamos por ahí.

Umbral menciona a su hijo en la página 27 por primera vez. Entretanto, hace, escribe lo que mejor sabe, hacer, escribir. Su inigualable prosa poética, su metáfora, su filosofía donde el centro del universo, de su universo literario siempre es él.

Mortal y rosa es referente literario por su calidad y por su hondura. Supone un diario de todo el universo umbraliano subyugado por una contingencia terrible de fondo.

 “Estoy oyendo crecer a mi hijo”

Pero ante todo, sobre todo, lo que ha hecho siempre Umbral, ser literario por excelencia, es escribir sobre literatura:

“Si no hay transparencia no hay escritura. Puede haber un trabajo de amanuense, pero nada más. El hombre, el escritor, tiene que elegirse transparente o pendolista. Casi todos optan por el pendolista, porque tienen voluntad de poder y porque les parece más lucido. Escribir es una prestidigitación en cuanto que consiste en desaparecerse, como los ilusionistas de cabaret. Hay días en que el ilusionista no está en forma, se encuentra opaco, se queda en el sitio. El escritor tiene que dejar pasar la luz del mundo sobre la cuartilla, el sol sobre la escritura. Casi todos los escritores estorban a su obra, están delante de ella, echan su sombra de sombrones encima de la prosa”.

.

A Umbral, que quiso ser también escritor de carrera política, se le negaron la Academia y el Nobel. Pero ahí juegan padrinos, árboles y sombras. Toda una mafia.

Uno siempre piensa que en 1922 se publicó el Ulises y el Nobel fue a caer en Jacinto Benavente.

De risa, claro.

Pero no se debe olvidar que en las carreras literarias, como en el deporte profesional, hay poco de literatura y mucho de política. Thats life, folks.

Hoy en día a Francisco Umbral ya solo lo leen los escritores

 

Bueno , dejémoslo aquí.

Gran libro.

Inigualable autor.

“El verano es una eternidad razonable”, escribe. Y tiene razón,claro.

 

Edita: El Mundo

 

Color: rosado.

Huele a: metáfora.

Sabe a: caviar.

 

 

 

 

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