En la lucha final- Rafael Chirbes

Chirbes

Se murió Chirbes.

Y se murió en el fin de semana más festivo de España, cuando todo el país es una verbena que baila borracha el Paquito el Chocolatero, cuando los periodistas han abandonado el barco de la tinta, los becarios llenan los vacíos en redacciones de televisión y las ciudades sestean abatidas por una calma chicha que apenas da para un paseo cojonero por el parque municipal.

Se murió Chirbes.

En su mejor momento. Ese en el que a ciertos escritores les llega el reconocimiento y las prebendas, justo cuando tienen que elegir entre ser escritores funcionariales para el Planeta y la Administración o volver a su agujero.

A Chirbes casualmente el empujón se lo dio la televisión. La adaptación de una de sus novelas convertida en serie bien construida, en el ritmo americano, Crematorio, y ahí nos damos cuenta, se dan cuenta los escritores europeos, como todos los escritores anglosajones ya se dieron cuenta hace veinte años, que sin el soporte audiovisual el escritor se convierte en casi nada. Una pajichuela para juntaletras frustrados que prefieren quedarse en casa leyendo en vez de salir e intentar echar un clavo, por poner un ejemplo.

Quizá el mejor homenaje que se pueda hacer a un escritor es hablar de su obra, reseñar alguno de sus libros.

Vamos allá.

En la lucha final es una novela de personajes heridos, pájaros con el ala rota que han quedado atrapados en un laberinto de tela de araña que los une y los destruye, de alguna manera, de aquella manera. Chirbes dibuja personajes que hablan hacia dentro, monótonos y tristes, retorciendo una espiral de sentimientos que chocan entre las paredes de un triángulo cuadrado pentágono amoroso con una señorita como vértice principal.

Se puede apreciar en este Chirbes un cierto gusto por la trascendencia, por la frase dogmática y poética, por la nostalgia , por los escritores y la literatura, por los personajes mustios y la remembranza, por el regusto amargo de la culpabilidad y la insatisfacción, de modo que la novela transcurre en una lenta agonía resignada no exenta de cierta amabilidad.

Así pues, prosa de blanca y ordenada sencillez, del cuándo y dónde, que pretende ser una buena novela, accesible, ingeniosa en los diálogos, con buenas metáforas y muy, muy empática, porque pretende, llegarles ahí, ahí dentro de la patata.

Quizá porque esta novela es de los ochenta, cuando Chirbes no era tan duro, tan áspero, tan Chirbes, más bien amable y algo cursi, por qué no decirlo.

En fin, que se murió Rafael Chirbes.

Descanse en paz.

 

Edita:  Anagrama

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