Me acuerdo- JOE BRAINARD

brainard

Tiempos serios.

Y de Sirios.

Y aquí al lado todos tristes por De Gea.

Pero hablar de libros no es cosa seria, afortunadamente. O no debería serlo. Y más o menos por esa cuestión se puede hablar, escribir, de Literatura, o de edición en este caso, porque, someramente, estrictamente, seriamente, festivamente, no le interesa ni al Tato.

La Edición, como industria, en España vivió una época dorada que en el futuro se recordará con música de cañerías y violonchelos, como un vals vienés a orillas del Danubio y el Pisuerga, interpretado por delicadas damiselas perfumadas en vaporosos vestidos transparentes que dejen vislumbrar un pezón, dos sabrosos pezones… Se recordará, no lo duden. Fue a mediados de la primera década del veintiuno cuando surgieron una serie de editoriales con otro sabor, otro discurso, otro plan para equilibrar la tiránica dictadura de los clásicos (Anagrama, Tusquets, Planeta, etc)

Supuso lo que la música indie al formato de radio fórmula. Un soplo de aire fresco, otra cara, otro modelo.

Se trataba de empresas de edición medianas que apostaban por la traducción. Sí, en el mundo editorial cuando uno funda una editorial tiene que tener claro si va a editar material patrio o traducir el que ya existe ahí fuera. Salvo contadas excepciones, este grupo de editores también demostraron que editar españoles inéditos es poco menos que un suicidio. En fin, no se torturen. Volvamos al golden time.

Y así nos trajeron autores que vivían muy lejos de nuestras fronteras y pensamientos, en esta y otras épocas, que se nos habían olvidado porque los editores de la vieja escuela sólo pensaba en editar otro folletín de Isabel Allende, por poner un ejemplo. Perdone usted, señora Allente. Sólo es un ejemplo.

También cogieron la buena época del Dinero. Las subvenciones indirectas (compra de libros por bibliotecas) y directas (planes de lectura locales, autonómicas y nacionales) se dispararon.

Fue la ÉPOCA.

Se data entre 2004 y 2011. Año en que el globo se pincha. Crash. Ay. Qué pena.

Esta ocupación de mercado supuso una puerta que aún sigue abierta, la mayoría han sobrevivido. Se celebra, claro.

Cada uno a su manera y todos ellos necesarios para entender la literatura que hemos podido disfrutar en estos últimos quince años.

Quizá la sociedad ideológica, ¿?, más representativa fue el grupo CONTEXTO, integrada por las editoriales Global Rythm, Impedimenta, Libros del Asteroide, Nórdica, Periférica y Sexto Piso.

Y hay que elegir un libro. Uno cualquiera. Por ejemplo, este.

Me acuerdo, de Joe Brainard.

Libro que plantea una estructura  desestructurada  (todas las frases empiezan por “me acuerdo”), escrito desde una distancia estética y laxa, con cierto sentido del humor y poco narcisismo en sus tintes autobiográficos. Desde su formato desvertebrado se produce una paradoja: deconstruye una obra que huye de la literatura para producir buena literatura.

Se trata de una obra original, sencilla, experimental pero válida y necesaria, una telaraña reiterada sobre hilos universales.

Cualquier persona coincidiría con Joe en sus muchos “ me acuerdo”. No seré una excepción. Me sumo a lo escrito en la página 15:

“Me acuerdo de haber pensado en arrancar la página 48 de todos los libros que leyese en la Biblioteca Pública de Boston, pero perdí pronto el interés”.

En mi caso creo que elegí la 69. También decliné el esfuerzo.

Ahí queda.

 

Edita:  Sexto Piso

Color: ceniza.

Huele a: tabaco.

Sabe a: aspirina.

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