Las enseñanzas de Don B.- DONALD BARTHELME

don b

En los últimos días he contado al menos dos campañas publicitarias de multinacionales cuyo categórico slogan para adquirir su producto es que MOLA.

(                         )

Bueno, es lo que hay.

Tranquilos, no es que en estas empresas trabajen los publicistas del Alcornoque. En este país los publicistas son cojonudos. Más bien intuyen que por ahí van los tiros.

Bang.

Cachis.

A colación, los editores españoles también son animales y personas, ven estos anuncios, se les cae otro mechón de pelo, se aprietan hasta uno, dos, quince anises para el Mono, sin hielo; y ya con la resaca se sientan para elaborar el catálogo del año venidero…

Ups, le tiemblan las manos, amigo…

Porque también saben que los publicistas no son gilipollas. Ay.

Después de hablar del golden time de la Edición Española conviene hablar de otro fenómeno de diáspora editorial que acontece y aconteció desde el año 2011: más editoriales pero distintas, con menos peso, más o menos lanzadas al Universo como la Banda de Pancho Villa.

Normalmente pequeñas, minúsculas, escuálidas, etéreas y hambrientas de… cambio.

Al alimón  también se abrieron espacios virtuales y blogs de crítica, contracultura e ira, cabreo, mucho cabreo contra el tinglado de la mentira, la corrupción y el desengaño, condiciones con las que siempre hemos convivido pero que suelen percibirse de manera subjetiva y coyuntural. Tesis y antítesis. Toda inercia genera un movimiento en dirección contraria.

Bang.

Hoy en día la mayoría de estos espacios de crítica virulenta han cerrado. Sólo quedan esos blogs y espacios donde se dibuja un corazón… de melón… qué bonito.

Y esa legión de editoriales minúsculas que surgieron de la zozobra se diseminan como huesos en campo de batalla, inactivas o muertas…

Vivimos una nueva etapa de… rendición. De inanidad. El péndulo se mueve en esa dirección. Ya volverán otros tiempos. Tic tac. Todo pasa y vuelve, claro.

La Literatura ya no le importa a casi nadie. Nada peor que ser incapaz de generar alguna pulsión: ni crispación, ni rechazo, ni odio, ni fervor. Sólo indiferencia.

Nos confiamos a la inercia de la corriente. Que sea lo que el Demiurgo quiera y tal.

Más o menos de este modo.

Una de las editoriales que nació en aquel año fue la que traemos a este espacio.

Es bonita, tiene un catálogo de autores que el 99,9 por ciento de los ciudadanos de este país no podría indentificar y eso a mí me pone, qué le voy a hacer.

Y Donald Barthelme me encanta.

Las enseñanzas de Don B. es un libro de relatos fracturado, agrietado, afectado de tics nerviosos, sospechosamente imperfecto, balcuceante, pero tremendamente original. Una colección que oscila libremente en el descuido, llena de singularidad y neumaticidad, firmada por un escritor que parece que pasaba por allí y dejó un puñado de historias desenfadadas,  emocionalmente divertidas, desde una deliberada carencia de acabado, un frivolidad suave y lisérgica, ansiosa y desubicada.

Leer a Donald Barthelme supone una experiencia heroica y gratificante, una forma de comunión, de autismo eficiente, donde la inteligencia se vuelve singular  y también arriesgada,

Creo que ha quedado claro.

Ale.

 

Edita:  Automática Editorial

Color: naranja.

Huele a: butano.

Sabe a: gaseosa.

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